La
parafilia puede centrarse en numerosos objetos, situaciones, animales o
personas (como los niños o en los adultos que no consienten). La excitación
sexual de la persona depende de la utilización o presencia del foco en el que
se centra. Una vez establecidos estos patrones de excitación sexual, por lo
general en los últimos años de la infancia o al inicio de la pubertad, suelen
perdurar durante toda la vida.
Es
decir, algunas conductas sexuales de naturaleza poco frecuente, pero que no
implican riesgo lesivo, pueden formar parte de una relación de afecto y amor,
si ambas personas consienten en su práctica. Sin embargo, cuando las conductas
sexuales causan angustia o daño o alteran la capacidad de una persona para
funcionar en sus actividades diarias, se consideran un trastorno parafílico. El
malestar puede ser el resultado de las reacciones de la gente ante su
comportamiento o del sentimiento de culpa por el hecho de hacer algo que
resulta socialmente inaceptable.
Los
trastornos parafílicos pueden perjudicar gravemente la capacidad de mantener
una relación sexual recíprocamente afectuosa. Las parejas de las personas con
un trastorno parafílico pueden sentirse como un objeto o como si no tuvieran
importancia o no fueran necesarias en la relación sexual.
Los
trastornos parafílicos más frecuentes son
·
Trastorno exhibicionista:
Consiste en la exposición de los genitales para
excitarse sexualmente o en la existencia de un fuerte deseo de ser observado
por otras personas durante la actividad sexual.
· Trastorno pedófilo: Fantasías
sexuales o intentos de prácticas sexuales con niños que generalmente tienen 15
años o menos, ya sean del mismo sexo o del sexo opuesto.
· Trastorno travestista: Implica
una excitación sexual intensa y recurrente por el hecho de vestirse con ropa
del sexo opuesto.
· Trastorno voyerista: Consiste en obtener excitación sexual mientras se observa a alguien desprevenido que se está desvistiendo, que está desnudo o en plena actividad sexual.
También
son parafilias el trastorno de masoquismo sexual, el cual consiste en la
preferencia de la persona a ser golpeada, atada, o sometida a cualquier tipo de
sufrimiento (a sí mismo o por parte de otros) durante las actividades sexuales,
con el fin de sentir excitación sexual; y el trastorno de sadismo sexual, que
es caracterizada por la obtención de placer sexual causando
dolor físico o humillación a otra persona. El Sadismo implica
actos reales (sufrimiento físico o psicológico) con, o sin,
consentimiento de la otra persona.
Es
así como según diversos estudios, se ha determinado que, la mayoría de las
personas con parafilias son hombres, y muchos tienen más de un tipo de
parafilia. Algunos de ellos también presentan un trastorno grave de la
personalidad, como un trastorno antisocial de la personalidad o un trastorno
narcisista de la personalidad.
Probablemente te llegues a preguntar si las parafilias pueden tener algún tratamiento, y la respuesta que te doy es sí, ya que éste se basas en técnicas específicas de tipo cognitivo-conductual para suprimir o atenuar la sexualidad parafílica y potenciar una conducta sexual más normalizada y aceptable. Como coadyuvante, pueden utilizarse tratamientos farmacológicos, como pueden ser algunos antidepresivos que reducen el deseo sexual y disminuyen las características impulsivas y compulsivas de la conducta. En casos muy graves y resistentes se utilizan antiandrógenos.
Las emociones inexpresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas.

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